Vuelos parabólicos: la magia de la ingravidez

Posted on 17 noviembre, 2013

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Tu cuerpo sigue ahí, pero no es el mismo. Se transpone, se diluye, se hace etéreo… Flotas.

Fue un encuentro anhelado durante años y, aún así, no dejó de sorprenderme. Mucho había oído sobre la “primera vez”. Es como volver a nacer, es adentrarse en otra dimensión, es la libertad absoluta, me decían. Uno se resiste a creer en lo desorbitado de dichas confesiones, y aún así lo extremo de la experiencia no deja de atraerte. Uno tiene que probarlo por sí mismo y averiguar si la promesa de ingravidez es tan fascinante como cuentan.

Fue un encuentro mágico y fugaz. Una felicidad instantánea me sobrecogió sin pedir permiso, insolente y divertida. Quería compartir con ustedes ese momento. Porque todo el mundo debería encontrarse con la ingravidez al menos una vez en su vida.

Para nosotros los terrícolas la ingravidez sigue siendo un viaje de ida y vuelta. Los vuelos parábolicos son la única forma que de momento tiene el ser humano de experimentar algo muy cercano a la gravedad cero sin dejar el planeta Tierra. Un avión estándar y un equipo de experimentados pilotos es todo lo que se requiere para vivir repetidas dosis de caída libre. A 22 segundos por parábola, uno puede acumular entre 5 y 10 minutos de ingravidez por vuelo.

La montaña rusa hacia la ingravidez / Novespace

La montaña rusa hacia la ingravidez / Novespace

El vuelo es en sí una montaña rusa. El avión apaga y revoluciona sus motores para subir y bajar en picado una y otra vez. Semejantes maniobras llevan a sus pasajeros a pesar el doble durante los brutales ascenso y descenso.

Sólo en medio de esos momentos de hipergravedad todo dentro del avión (incluidos los pilotos) se suspende por unos segundos.

Los vuelos parabólicos no son nada nuevo. Las agencias espaciales los han utilizado durante décadas para entrenar a sus astronautas y cosmonautas, aunque hoy en día la ciencia es su pasajera más frecuente.

Los científicos suben a bordo con el privilegio de poder seguir sus experimentos in situ. Quieren saber qué cambios se producen en el cerebro de la gente, en el sistema vestibular de las ratas, en el diámetro de las burbujas o en el comportamiento de los átomos.

Stephen Hawking ingrávido / Zero G

Stephen Hawking ingrávido / Zero G

El turismo espacial quiere popularizar la experiencia a precios mucho más asequibles que los aún por llegar vuelos suborbitales. Por entre 4.000 y 8.000 euros cualquiera puede darse un garbeo con la con la ingravidez. En Europa, Air Zero G ha comenzado ha operar desde Francia recientemente con varios vuelos al año con su avión A300 y ya tiene lista de espera.

En Estados Unidos el monopolio es para Zero G con un avión más pequeño que ya ha oficiado bodas y elevado al mismísimo Stephen Hawking. Rusia opera el avión parabólico más grande – y retro- del mundo. El Ilyushin 76 MDK ofrece más espacio que ninguno y, a buen seguro, las parábolas más salvajes.

De regreso a la tierra, mi cuerpo sigue aquí, pero no soy la misma. Echo de menos la ingravidez.

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