Cuando la enfermedad llega en órbita

Posted on 13 agosto, 2011

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Estatuto de los cosmonautas de la Unión Soviética
Artículo 2. Los cosmonautas deben informar veraz e inmediatamente a sus superiores directos sobre su estado de salud.

Tal era su deseo de ir al espacio que Vladimir Vasyutin se saltó la sagrada norma. Queriendo completar la misión a toda costa, acalló su dolencia cuanto pudo y sufrió durante 65 largos días a bordo de la nave Salyut 7.

Al principio la enfermedad llegó en forma de pequeñas molestias, pero un dolor insoportable se extendió a la parte baja del abdomen. Sus dos compañeros notaron que perdía el apetito y no podía conciliar el sueño, que la música le irritaba y apenas trabajaba.

Vladimir Vasyutin, el primero por la izquierda, junto a las tripulaciones 7 y 14 de la Salyut

Vasyutin trató de ocultar sus síntomas, pero sus órganos se inflamaron y su fiebre se disparó durante tres interminables semanas. Su hígado se hinchó tanto que se hizo visible en forma de protuberancia junto al estómago.

Sólo cuando el dolor se hizo insoportable dio el paso de comunicarlo al centro de control en tierra. El equipo médico se apresuró a tratar lo que calificó como “una enfermedad de naturaleza urológica”. Le prescribieron antibióticos y medicinas psicotrópicas que la tripulación tenía a mano en el botiquín de a bordo.

Incluso se recurrió a un médium, que intentó durante varias sesiones convencer a Vasyutin de que el dolor pasaría. El milagro no ocurrió, y el médium alegó que todo se debía a la falta de fe en el método del paciente.

Al final del segundo mes, Vasyutin no daba más de sí. Para el resto del mundo, la primera señal de problemas llegó camuflada por una omisión. Los comunicados de la agencia de noticias TASS comenzaron a prescidir de la frase estándar de que la tripulación se encontraba en buen estado de salud.

Los paseos espaciales previstos se cancelaron y en noviembre de 1985 se ordenó el retorno de toda tripulación de la Salyut 7. La noticia del aterrizaje apareció de repente, con una elocuente frase al final: “La misión ha terminado debido a una enfermedad de Vasyutin que requiere tratamiento hospitalario”.

Vladimir Vasyutin

El cosmonauta de 33 años nunca habló abiertamente de sus problemas en órbita. Más tarde confesaría que las molestias comenzaron a aparecer en la Ciudad de las Estrellas tras las sesiones de entrenamiento bajo el agua para los paseos espaciales.  Incluso admitió que había estado siguiendo un tratamiento en secreto antes del vuelo y que consiguió ocultarlo a los doctores.

Vladimir Vasyutin nunca regresó al espacio. Falleció a los 50 años víctima de un cáncer de próstata.

A partir de entonces, los chequeos médicos se recrudecieron hasta tal punto que un cosmonauta fue expulsado del cuerpo por tener un riñón ligeramente más bajo que el otro. Y como explica la cosmonauta Yekaterina Ivanova, el arte de mentir también se afinó.

“Durante mis 12 años en el equipo de cosmonautas, aprendí, como mis compañeros, a dominar técnicas para camuflar mi estado físico o psicológico. Cuando me preguntaba qué tal me sentía, siempre respondía que estupendamente, aunque apenas pudiera sostenerme sobre mis pies”.

Y no han sido ni mucho menos los únicos. El astronauta Gus Grisson admitió haber ocultado un dolor de garganta para no echar a perder dos años de entrenamiento por una simple molestia. Otros consiguieron engañar a los médicos y volar con lentillas (oficialmente prohibidas), tobilleras, síntomas infecciosos… Para ellos, las ansias de volar al espacio justificaban los riesgos.

Enfermedades en el espacio

El astronauta Joseph Kerwin realiza una revisión dental a su compañero en el módulo Skylab/ NASA

Astronautas y cosmonautas pasan por un período de cuarentena antes de cada vuelo espacial como medida preventiva. A pesar de ello, las enfermedades también afloran en el espacio. Los casos médicos más comunes son pequeñas heridas cutáneas y mucosas, infecciones urinarias, cambios de comportamiento o arritmias cardiacas.

Hace cincuenta años, German Titov fue el primero en experimentar mareos acompañados de naúsea ampliamente conocido hoy en día como el mal del espacio o síndrome de adaptación espacial. Aproximadamente la mitad de los exploradores espaciales lo sufre durante los primeros días de estancia en órbita, aunque algunos desafortunados lo han padecido durante dos semanas seguidas.

Si buceas un poco en este enlace, podrás descubrir datos tan interesantes como quién fue el primero en defecar en el espacio, quiénes dejaron de fumar cuando se convirtieron en astronautas (y los que no), los que ocultaron dolencias a los doctores y los doctores que fueron cómplices de las mismas, los que roncaban de modo insufrible una vez en el espacio…

El botiquín espacial

Space kit. Casi doscientas medicinas a disposición de los astronautas en la ISS

Las primeras naves espaciales apenas llevaban tres medicamentos a bordo. Hoy en día, la Estación Espacial Internacional cuenta con 191, la mayoría de ellos ubicados en el segmento ruso.

El botiquín espacial, el más caro de la historia teniendo en cuenta que transportar un kilo allá arriba cuesta alrededor de 12.000 euros, cuenta con antibióticos, antivirales, anticongestivos, antidiarreicos y un largo etcétera. Las existencias son reemplazadas cada seis meses para asegurar su efectividad, ya que estudios recientes han apuntado que las medicinas parecen perder cierta potencia después de un tiempo en el espacio. La radiación, la microgravedad o las vibraciones podrían ser las responsables.

La mejor opción es no ponerse malo allí arriba. Que se lo digan a Vasyutin.

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