¿Fuego en la Estación Espacial?

Posted on 19 marzo, 2011

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La antorcha olímpica recorrió los cinco continentes hasta llegar a su destino final en las pasadas Olimpiadas: Pekín.

Olímpica es la tradición de mantener viva la llama durante los Juegos y, desde el siglo pasado, el fuego de Olimpia recorre los cinco continentes antes de llegar al pebetero. De mano en mano y en todo tipo de medios de transporte, la antorcha olímpica se ha paseado por casi todos los rincones del planeta. Ahora que se acerca el turno de la ciudad de Sochi para los próximos Juegos Olímpicos de Invierno de 2014, puede que estemos ante un relevo de lo más extraterrestre.

Los rusos han puesto en el candelero una osada idea: llevar la antorcha olímpica al espacio, ni más ni menos. A priori, la idea resulta descabellada e inviable, ya que el fuego está prohibido en la Estación Espacial Internacional por cuestiones de seguridad. Sin embargo, la agencia espacial rusa no ha querido desechar la idea del todo y está abierta a estudiar cualquier propuesta que cumpla con los estrictos requisitos de cualquier envío al cosmos. “No es una mala idea y teóricamente es posible”, dijo a la prensa Vitaly Davydov, director adjunto de Roskosmos.

Una de las opciones sería hacer llegar la llama a puerto espacial de Baikonur, en Kazajstán, donde sería introducida en una nave espacial sin tripulación y lanzada al espacio. Una vez en órbita, la nave atracaría en la Estación Espacial Internacional y los astronautas podrían portarla y enviarla de vuelta a la Tierra en la misma cápsula. Esta opción plantearía varios problemas: ¿cómo mantenerla viva durante los dos días que tarda la nave espacial en acoplarse a la Estación? ¿Y cómo mantenerla bajo control para evitar un devastador incendio?

Momento en que la llama olímpica prende en el Templo de Hera, Grecia.

Otra opción que se ha barajado es la de encender la antorcha en Sochi utilizando rayos de sol dirigidos por los astronautas con la ayuda de un satélite auxiliar equipado con un complejo sistema de espejos. Este sistema emularía de algún modo, pero con tecnología del siglo XXI, la ceremonia de la antigüedad en la se perseguía garantizar la pureza de la llama. Para ello, la antorcha era colocada en la concavidad de un espejo parabólico y, una vez que los rayos del sol se concentraban con suficiente intensidad, habemus flammam!

Cuestión de forma

De todos modos, el fuego en el espacio es de por sí un fenómeno de lo más interesante. Debido a la casi total ausencia de gravedad, se comporta de una forma completamente diferente a la que nos tiene acostumbrados en la Tierra. La llama, en vez de tener la típica forma alargada, adquiere una forma esférica y un pálido color azulado.En la Tierra, los gases calientes, al ser más ligeros que el aire frío que los rodea, se elevan provocando una corriente de convección que le da a la llama su forma alargada. El aire frío queda atrapado en la base de la mecha y proporciona el oxígeno suficiente para mantener la llama ardiendo. 

En condiciones de ingravidez, en cambio, el gas caliente no es más ligero que el aire frío y no se produce la convección. El resultado es una pequeña, casi invisible, llama esférica. Al no haber circulación de aire tampoco hay renovación de oxígeno, de manera que la llama se apagará en cuanto haya consumido el oxígeno contenido en la esfera.

El fuego ingrávido se muestra de una forma completamente diferente/ NASA

El color de la llama también se ve alterado. En la Tierra, las partículas de hollín que se desprenden hacia arriba le dan un color amarillento, mientras que en microgravedad la combustión es tan eficiente y rápida que apenas se produce hollín. Esta llama, en consecuencia, es más azulada en el espacio.

Los ventiladores de la Estación Espacial generan artificialmente convección y con ello aportan el aire que el fuego necesita para arder. Pero en ingravidez, con el fuego extendiéndose en todas direcciones en lugar de sólo hacia arriba, el cuarto elemento puede ser letal para los astronautas.

Incendios espaciales

El cosmonauta Oleg Skriprochka, preparado para cualquier contingencia con su extintor espacial/ NASA

En nuestras casas, los detectores de incendios están situados en el techo siguiendo la lógica ascendente del fuego. En la Estación Espacial Internacional, donde al fuego no le importa qué es arriba o abajo, los detectores están ubicados dentro mismo del sistema de ventilación.

Si un fuego estallara hoy en el complejo orbital, sus tripulantes tienen muy claro los pasos a seguir. Después de apagar el sistema de ventilación, ponerse las mascarillas y cortar la corriente en el módulo afectado, los astronautas usarían estos extintores espaciales (ver foto). Mientras en los módulos americanos tienen los habituales extintores de dióxido de carbono, en el segmento ruso funcionan con un dispositivo de espuma y agua.

En 1997, se produjo un gran incendio a bordo de la vieja dama espacial, la estación rusa MIR. Durante una cotidiana maniobra de aporte extra de oxígeno a la nave, una voraz llama nació en una de las unidades de filtración de aire, ardiendo peligrosamente durante más de siete minutos. Hicieron falta seis litros de espuma y agua para sofocarla. Puedes escuchar la historia, contada por sus propios protagonistas, en el siguiente extracto del documental de la BBC, Horizon.




 

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