Un tulipán ruso junto a la Amazonia

Posted on 10 julio, 2010

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Infografía del lanzamiento de los cohetes Soyuz desde de Kourou, en la Guayana Francesa/CNES, D. Ducros

¿En qué se parecen los confines de la selva amazónica a la estepa kazaja? Para los más duchos en temas espaciales, la pista saltará al pensar en los complejos de lanzamiento de Kourou y Baikonur y, aún así, las diferencias resultan abismales. Mientras en la Guayana Francesa el noventa por ciento del país se encuentra cubierto por la exuberante vegetación tropical, la yerma tierra de Kazajstán apenas da tregua a arbustos y malas hierbas. Y mientras para los guayaneses el medio de transporte más extendido es la piragua, los kazajos tiran ante todo de trenes y furgonetas colectivas. Si la temperatura media en la región francesa de ultramar es de 26 grados centígrados, la antigua república soviética llega a soportar en invierno la misma cifra… bajo cero.

Las diferencias parecen insalvables hasta que sale a la palestra un elemento muy particular: el “tulipán ruso”. Este elemento señero de la ingeniería de cohetes nacida en el Este está ya presente en ambos enclaves, con sus brillantes pétalos en amarillo y azul a la espera de acoger el primero de los cohetes Soyuz-ST en territorio europeo. Antes de alterar a los botánicos, aclararemos que se trata ni más ni menos que de un ingenioso sistema de sostén para los cohetes, vigente desde los primeros lanzamientos de la Era Espacial.

El corresponsal en Baikonur del periódico Izvestia, Borís Konovalov, explicaba ya en 1975 las ventajas de este sistema.

Las plataformas adosadas se separan de la nave de forma automática según el sistema ‘tulipán’, gracias al cual las rampas se abren como pétalos. Los americanos, que no utilizan plataformas móviles, encuentran esta técnica simple y fina. Ellos usan una complicada técnica con la ayuda de la electrónica. Nosotros lo hacemos bajo el principio: cuanto más sencillo, más seguro.

El "tulipán ruso" desde dentro/Arianespace, J. Guillon

En lanzamientos como el del Space Shuttle, se recurre a una serie de cierres explosivos adosados a la nave. Cuando llega el final de la cuenta atrás, hasta ocho cierres son detonados y la nave queda liberada de su anclaje. En el caso del “tulipán ruso” no es necesario ningún sistema eléctrico ni remoto. Básicamente, el cohete queda suspendido por cuatro brazos que lo mantienen en posición vertical. Cuando el impulso de los motores es superior al peso del cohete, el tulipán se abre por la fuerza de la gravedad y el cohete puede despegar. Este sistema permite lanzamientos con vientos máximos de 72 kilómetros por hora y un rango de temperaturas entre +-35ºC. Al parecer, lo más importante es simplemente que los ejes de los pétalos estén bien engrasados.

Este tulipán forma parte de un interesante proyecto de colaboración entre la Agencia Espacial Europea y Arianespace con la agencia rusa Roskosmos. En la región más ultraperiférica de Europa está a punto de finalizarse la construcción de un área de lanzamiento prácticamente idéntica a las de las bases rusas de Plesetsk y Baikonur. Todo tiene un extraño toque ruso en este recinto acotado dentro del Centro Espacial de la Guayana, donde se atesora una piedra traída directamente de Baikonur en recuerdo a Gagarin.

Con la inestimable ayuda de los traductores, unos 130 rusos y otros tantos europeos se afanan por conseguir que todo esté a punto para finales de diciembre. Pero pese a que las instalaciones se encuentran ya casi finalizadas, todo parece apuntar a que habrá que esperar hasta 2011 para presenciar su lanzamiento inaugural con el satélite de comunicaciones inglés HYLAS a bordo. El gran pórtico móvil que los europeos han añadido al sistema ruso por motivos de seguridad ha sufrido una serie de vicisitudes que están retrasando la première. Esta torre de servicio de 55 metros de alto cubrirá al cohete para permitir introducir la carga útil desde la rampa de modo vertical, a diferencia de la práctica habitual rusa de integración en horizontal. La torre protegerá además al cohete y su carga del húmedo clima tropical.

Un viaje de ultramar

El camino hasta aquí ha sido largo. Los primeros dos cohetes Soyuz-ST, una versión comercial modernizada por los europeos con un sistema de control digital, han sido transportados en un barco carguero desde San Petersburgo. Sus piezas han tenido que repartirse en medio centenar de contenedores, pero ¿por qué tantas molestias? Aquí van algunas razones.

El viaje ultraterrestre de los Soyuz-ST viene precedido por una largo viaje de ultramar en barco/Arianespace.

– Cuestión de peso: La ubicación de esta nueva rampa de lanzamiento en la zona ecuatorial del planeta permite a los Soyuz-ST poner en órbita satélites más pesados. La trayectoria se acorta. Si en Baikonur un cohete de este tipo podría transportar a la órbita geoestacionaria 1,7 toneladas, desde Kourou la carga se aumentaría hasta 2,8 toneladas. Una base ideal para propulsar al espacio satélites de telecomunicaciones.

– Únete y vencerás: Los europeos han visto un filón en los rentables cohetes rusos y han preferido explotarlos comercialmente que tenerlos como competencia. Dentro de esta clara estrategia de mercado y con ya 200 lanzamientos a sus espaldas, Kourou persigue convertirse en todo un puerto espacial para empresas. Los rusos, por su parte, mantienen la distancia y no desvelan los secretos de su éxito. La fórmula del combustible de los Soyuz es aún desconocida.

– Diversificación del producto: Arianespace se afana por ofrecer a los clientes cohetes de distinta capacidad para cubrir todas las necesidades de puesta en órbita. De este modo, Ariane-5 se ocupa de las cargas más pesadas de hasta 10 toneladas. Para las cargas más ligeras y en órbita baja, ofrece el cohete Vega. En el rango intermedio se encontrarían los Soyuz-ST. El plan es lanzar de dos a tres al año. De momento, aún no hay hueco para los vuelos tripulados.

Con la puesta en marcha de las misiones Soyuz desde la Guayana Francesa se abrirá un nuevo capítulo en la historia de este robusto vehículo. Tras haber volado más de 1.700 desde Rusia, se acerca la hora de que el tulipán pueda florecer centelleante lejos de la tierra patria.

20 hectáreas de terreno y un agujero de 22 metros de profundidad acogen la plataforma de lanzamiento del Soyuz-ST en la Guayana Francesa/Arianespace, P. Baudon

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