Un pequeño paso para… ¡los robots!

Posted on 17 junio, 2010

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Lejos de rendirse, puede que haya llegado la hora de dar el relevo. Estaba convencida de que los próximos en pisar de nuevo la Luna serían los chinos, pero a tenor de las últimas noticias quizá esté equivocada. El giro es osado: la industria robótica japonesa está decidida a llevar a sus humanoides al satélite en 2015, ni más ni menos. La imagen de sus pisadas sobre el grisáceo polvo lunar daría mucho que hablar en la Tierra.

La idea no es nueva. Los japoneses habían propuesto ya hace cinco años enviar un humanoide a la Luna, pero la puesta en marcha se atascó por falta de fondos. Los ingenieros de la Agencia Espacial Japonesa (JAXA) rectificaron y ahora hablan de robots que vayan sobre ruedas. Nada de traspiés ni pasos en falso en la mínima gravedad lunar, dicen. No obstante, el último proyecto de la compañía SOHLA concibe un robot con dos piernas, algo que según su director, Hideo Sugimoto, tiene sus ventajas.

Nos decantamos por un robot lo más parecido a un hombre porque resulta más fascinante y atractivo. Los humanoides son glamurosos y consiguen despertar empatía en la gente. Queremos desarrollar un robot encantador que colme el sueño humano de ir al espacio.

Parece ser que su nombre será Maido Kun y costará casi diez millones de euros. La empresa, que cuenta con participación estatal, confía en conseguir suficiente dinero con el argumento de que la participación de las empresas locales en tecnología espacial podrá impulsar decisivamente la economía japonesa. JAXA planea enviar un robot para investigación sobre el terreno (algo así como EVA en la película Wall·e) en 2015, y se espera que Maido Kun pueda acompañarle en el viaje.

Robonautas y astronautas, mano a mano/ NASA

En el fondo, esto cuadra con una de las nuevas direcciones de la NASA. De acuerdo con los planes del presidente Obama, se incrementará la inversión en tecnología robótica con la que explorar el Sistema Solar. Casualmente, el nuevo gurú tecnológico de la NASA es todo un experto en robots. Robert Braun vende lo que tanto necesita la agencia espacial: un nuevo liderazgo.

La robótica es un campo que la NASA podría liderar, un campo que podría tener repercusiones directas sobre la sociedad. Son increíbles las cosas que se están haciendo gracias a tecnologías cada vez más autónomas.

Y así nace R2, un “robonauta” de imponente aspecto que el próximo mes de septiembre se convertirá en tripulante permanente de la Estación Espacial Internacional (ISS). Con un marcado aspecto antropomórfico, R2 no sólo parece humano sino que está designado para trabajar como uno, manejando con sus propias manos instrumentos diseñados para el hombre.

Una vez en la ISS, quedará en principio confinado al laboratorio Destiny para probar el funcionamiento de sus sistemas en microgravedad. Sin embargo, se espera ir modificándolo –tanto sus piezas como su software- para que adquiera movilidad y pueda moverse con mayor libertad dentro y fuera de la estación espacial. En el futuro, podría incluso asistir a los astronautas durante sus paseos espaciales y realizar actividades que impliquen grandes riesgos. De momento, R2 es aún un prototipo y no está preparado para enfrentarse a las extremas condiciones del espacio exterior.

Un dato curioso es que la NASA no está sola en esta misión. La empresa General Motors está muy implicada en este proyecto, y no es la primera vez que desarrolla tecnología espacial. Los sistemas de navegación de las naves Apolo y el vehículo Lunar Rover llevaban también su firma.

¿Hace Europa algo al respecto? Pues hace una semana precisamente tuve el placer de conocer al humanoide europeo Justin, desarrollado por la empresa alemana DLR. El robot consta de torso, brazos y cabeza. Tiene buena planta, dos brazos fuertes y mueve sus dedos con una precisión pasmosa. Si en modelos anteriores sólo contaba con cuatro dedos, los actuales cinco apéndices le acercan más a nosotros.

Sus 43 grados de libertad y su sensibilidad le permiten realizar tareas complejas interactuando con humanos y manipular objetos con bastante destreza. Sus creadores presumen de que es capaz de levantar su propio peso, lo que llaman relación peso-potencia de 1:1. Pero su potencia no lo es todo. Lo que hace a Justin diferente es que es sensible al contacto. Si su brazo choca contra algo, lo nota él y la persona que lo maneja en la distancia. La telepresencia, al servicio del espacio.

 

Justin, el humanoide europeo/ DLR

 

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