El turista vertical

Posted on 8 mayo, 2010

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No habrá, sin duda, falta de hombres pioneros cuando hayamos dominado el arte del vuelo. Creemos velas y naves que se adapten al éter celeste, y habrá gente de sobra sin miedo a la inmensidad del vacío.

Así se dirigía el astrónomo alemán Johannes Kepler a su colega Galileo en 1610. Ni más ni menos que medio milenio ha pasado desde que esta carta fue enviada, y hoy en día un emergente mercado lucha por llevarse su pedazo del pastel en el negocio espacial. De momento y sin tener en cuenta a las agencias espaciales, Space Adventures es la única compañía capaz de llevar turistas a la órbita terrestre.

Dennis Tito/NASA

Gracias a su acuerdo con la agencia espacial rusa, sus clientes son transportados en una nave Soyuz hacia la Estación Espacial Internacional, tal y como lo hizo por primera vez Dennis Tito en 2001, el primer turista espacial. Por debajo de esas alturas, un abanico de empresas se afana por liderar este nuevo tipo de turismo con espectaculares vistas.

El pequeño pueblo de Mojave, fundado en medio de la nada californiana en el siglo XXI por una compañía de ferrocarriles, se está transformando en el puerto espacial del futuro. La joven localidad pretende convertirse en una versión civil de Cabo Cañaveral y atrae a toda clase de empresarios que aspiran a popularizar los viajes espaciales.

En medio de la aridez despiadada del desierto, se ha establecido media docena de empresas con un afán competitivo que algunos historiadores no dudan en comparar con la rivalidad tecnológica desencadenada entre la Unión Soviética y Estados Unidos por el Sputnik en 1957. Dentro de esta incubadora de talento espacial, conviven tanto grandes compañías como pequeños chiringuitos con unos cuantos ingenieros trabajando bajo un calor sofocante en improvisadas naves industriales.

Pero el turismo espacial, entendido desde un principio como capricho de unos pocos multimillonarios del planeta, tiende a diversificar su público, adaptándose al bolsillo y a los gustos de un mayor número de gente “sin miedo a la inmensidad del vacío”. Ya existen iniciativas que pretenden cubrir el mercado a bajo coste con el lema “vuelos suborbitales para todos”.

Una de las propuestas verticales de Armadillo Aerospace

Precisamente la semana pasada la empresa texana Armadillo Aerospace consiguió un acuerdo exclusivo con Space Adventures para vender plazas en sus naves espaciales suborbitales. Con esta alianza estratégica, esperan poder ofrecer vuelos suborbitales por unos 80.000 euros, una oferta en competencia directa con la compañía Virgin Galactic, el imperio empresarial del aventurero Richard Branson que vende estos altos vuelos a 150.000 euros por cabeza.

Una de las peculiaridades de su propuesta es que las naves tienen un despegue y aterrizaje vertical. El turista cósmico será catapultado por encima de los cien kilómetros de altura, en la frontera del Espacio. Entonces el motor se apagará y los pasajeros a bordo experimentarán hasta cinco minutos de ingravidez continua. Gracias a una especie de burbuja transparente, podrán disfrutar de vistas panorámicas de 360 grados con el horizonte terrestre a sus pies. El tiempo en el espacio será de unos pocos minutos, pero la experiencia completa, incluida la formación, tendrá una duración de varios días.

Tras una década de investigación, pruebas y premios otorgados por la NASA, “ha llegado la hora de hablar con credibilidad sobre experiencias espaciales con pasajeros comerciales”, afirma John Carmack, presidente de Armadillo Aerospace. Con más de cien pruebas de vehículos impulsados por cohetes reutilizables, la compañía americana cree que es el momento de hacer el espacio exterior un dominio de acceso público. ¿Te gustaría ver alguno de sus prototipos? Adelante, bienvenido a la cueva del Armadillo.

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Posted in: Turismo espacial