Viejos trucos

Posted on 19 abril, 2010

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Mientras tenía lugar la última misión espacial sonada de la Guerra Fría, el dirigente soviético Leonid Brézhnev se preocupó por aparecer todos los días en la prensa oficial de algún modo. Gracias al proyecto conjunto Soyuz-Apolo (1975), , lanzaba mensajes, discursos y reflexiones varias a diario, incluidas soflamas por doquier al estilo soviético (“Por la gloria de la Humanidad”, “En nombre de la paz mundial”).

El colmo de la autopropaganda llegó cuando, el día después del aterrizaje de la cápsula Soyuz en la estepa kazaja, salió publicada en la prensa soviética una imagen de autenticidad dudosa. “Puede que la Unión Soviética haya vuelto a las andadas con sus viejos trucos de manipular fotografías para embellecer la historia. Los kremlinologistas rumorean”, comentaba el periodista Richard Weintraub en el diario estadounidense The Washington Post. Los observadores occidentales comenzaron a preguntarse si la fotografía era genuina. En el pie de foto se explicaba que el líder soviético conversaba en el Kremlin con el comandante de la misión Soyuz 19, Alexei Leonov.

 

Leonov en el Kremlin tras el vuelo del Apolo-Soyuz

La fotografía de la polémica, con el cosmonauta Alexei Leonov junto al líder soviético Brézhnev/ Pravda

Varias eran las sospechas sobre la imagen. Por una parte, se creía que el hombre en segundo plano era el enviado soviético a Estados Unidos, Anatoly Dobrynin, y por lo tanto resultaba imposible que figurara entonces estando en Moscú. Por otra parte, el problema era que los cosmonautas no habrían tenido tiempo material para ser fotografiados por la noche en el Kremlin. Si el aterrizaje de la cápsula de se produjo cerca del mediodía, resultaba difícil imaginar cómo podrían haber llegado a tiempo. Tras la recuperación de la nave y su traslado al cosmódromo con los consiguientes chequeos, tendrían que haber volado desde el cosmódromo de Baikonur, a unos dos mil kilómetros de distancia de Moscú. Parecía imposible que Leonov pudiera estar listo en la capital y que las imágenes llegasen a tiempo para los periódicos del martes.

Un experto occidental sugería que la foto podía haber sido tomada antes del lanzamiento, otros comentaban que la cabeza de Leonov era demasiado pequeña en comparación con su cuerpo y algunos incluso sostenían que podía ser una composición de tres o cuatro fotografías.

El periodista estadounidense recurrió entonces a la Embajada rusa, donde un oficial, tras ser interrogado sobre la fotografía, le sugirió que llamase directamente al diario Pravda. El corresponsal de este periódico le sugirió a su vez que contactara con la Embajada. Después de que Weintraub le explicara que desde la Embajada le habían remitido a él precisamente, el periodista soviético respondió riéndose: “Bueno, ¡creo que has completado el círculo!”.

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